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DESDE MI PLANTA

El maldito elixir

El maldito elixir Nemorino ama a Adina. La desea, la quiere tener entre sus brazos. Acariciarla, sentirla, mimarla. ¿Pero qué puede hacer un simple hombre de pueblo, introvertido, tímido y pobre ante la más bella del lugar? La más bella, la más graciosa, la más perfecta de las mujeres que puede haber en el mundo? Soñar, vivir de ilusiones, conformarse con la sola idea de tenerla en su mente. O al menos, así lo percibe, ciego él. Tapado con su propia venda, encadenado por su propia inseguridad. Fruto de su inmadurez tal vez, no se da cuenta que ella juega con él. ¿Qué se puede pedir ante su inocencia, ante su vacío, ante su falta de valor? Será imbécil, piensa ella, ¿a qué demonios juega? ¿Le gusto, no le gusto? Es esa tontería que arrastra la que le provoca comportarse como un espejo opaco, en el que algo se vislumbra en su interior, sin saber exactamente lo que es en realidad. Inmaduro él, que recurre a fantasías y a pócimas para enamorarla cuando existe una remedio mucho más fácil. Y real, y directo. Inocente de él, que no sabe que ella se muere por sus huesos. Por su forma de ser, por su forma de vivir la vida, por su sensibilidad. Por saber que se desangraría por ella. Por conocer de ciencia cierta que él sería capaz de perderlo todo por ella.
Imbécil, ¿porque juegas al despiste? ¿Porque pretendes darme celos cuando tienes mucho más a perder? ¿Porque entras en un juego de niños cuando lo que tienes que hacer es hacerme tuya?
Adina es mujer. Sabe lo que quiere, sabe cómo conseguirlo. Conoce los recursos que tiene al alcance. Y es cuando en el décimo acto de la escena primera, actúa en consecuencia. Cruelmente, pero así es la vida. Es cuando la risa, la broma, la comedia se vuelve en tragedia, en dolor, en pena. Para Nemorino. Es cuando los juegos se acaban, cuando el impacto llega. Cuando ella decide casarse con el capitán Belcore esa misma noche. Cuando Nemorino se da cuenta de que el elixir -un simple vino Burdeos- no funciona lo bien que debería hacerlo. Y allí, la música se vuelve triste, melancólica. Es cuando ante la inmediatez de los acontecimientos, el pobre pueblerino decide sincerarse y explusar todo lo que tiene dentro. Es cuando recibe la colleja. Cuando recibe la señal -tal vez demasiado tardía- de que hubiera sido mejor no andarse pòr las ramas.

BELCORE
Si a mantenerla estás dispuesta,
¿por qué no adelantarlo?
¿Qué te cuesta?
¿Por qué no casarnos hoy mismo?

NEMORINO
¡Hoy mismo!

ADINA
(mirando a Nemorino)
Se turba, me parece.
(a Belcore)
Pues bien: hoy mismo.

NEMORINO
¡Hoy mismo! ¡Oh, Adina!
¿Hoy mismo dices?

ADINA
¿Y por qué no?

NEMORINO
Espera al menos.

ADINA
¿Por qué?

NEMORINO
Hasta mañana.

ADINA
¿Por qué?

NEMORINO
Hasta mañana, hasta mañana.
¡Adina, hoy no!
Adina, creéme, te lo suplico,
no puedes casarte con él,
te lo aseguro,
espera aún otro día,
apenas un día, yo sé por qué.
Mañana, querida, lo lamentarías,
lo sentirías igual que yo.

Y es en ese momento cuando mi batidora deja de dar vueltas y se centra en la tristeza de un hombre que ve perder aquello que ama. Es cuando uno deja lo demás y decide unirse a la pena de Nemorino. Cuando piensa que en ese mismo instante bajaría al escenario para unirse a sus lamentos. Cuando trataría de interceder por él. Cuando siente empatía por ese miserable al que tanto le recuerda. Cuando piensa que todo eso que esta pasando le suena de algo que parece estar viviendo durante toda su maldita vida.
Luego llegará Una furtiva lágrima que lo arreglará todo. Pero eso ya es otro cantar.
*
Espero que el viernes, esta paginilla se convierta en Desde mi barra.
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2 comentarios

andurinha -

.
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patri -

aix.... q vida más perra! Q tengas suerte con el curro!
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