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DESDE MI PLANTA

Me duele la muñeca

La pelota está en el interior del área. Con habilidad se va de uno primero. El atacante se encuentra la oposición de dos contrarios que le taponan, y sin pensar lanza un punterón que pasa por en medio de los dos defensas. El portero, raudo y veloz, con grandes reflejos, estira la mano por debajo del primer poste por donde se quería colar el esférico, y consigue despejarlo. Pero no acaba ahí el peligro. La pelota hace un extraño en el aire debido al efecto y se dirige hacia el interior del arco, pero otra vez el portero, MAJESTUOSO, salta del suelo y consigue desviar el balón que se va a corner, no antes sin pagar un alto precio, ya que en la acción su muñeca choca contra el palo izquierdo de la portería. Dios, qué dolor siente el cancervero, que se retuerce en el suelo con gestos que escalofrían nada más verlo. Pero la presencia de las jugadores de voley en la grada hace que se guarde el dolor y se levante de forma milagrosa, sacando el pecho, dirigiéndo a sus compañeros y guiñando el ojo a la número 3, una rubia espectacular que baja la mirada y se pone a sonreir.
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