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DESDE MI PLANTA

Bodas, pisos y peatones

Ayer celebramos el vigésimosexto aniversario de Nacho, uno de los integrantes del quinteto de toda la vida. Él es el penúltimo en cumplirlos, aún falta Máximo.
Ya de primeras, los 26 son una edad un tanto psicológica. Pasas la barrera y te encaminas a los treinta. Es la recta final. Pero eso no preocupa. Con un poco de engaño a uno mismo se va superando poco a poco.
Lo malo y lo que da mal rollito viene más tarde. En el caso de ayer, vino inmediatamente. Al quinteto, se sumó un elemento más para crear un agradable sexteto. Cena por todo lo alto, risas, bormas, recuerdos. Lo típico de momento. Hasta el punto en que lo típico se descarriló y se acabó hablando de pisos y bodas. Del sexteto, tres ya están amueblados, previa maldición hipotecaria. De esos tres, dos emparejados, por lo que las referencias al término boda hicieron acto de presencia. Del mismo sexteto, cuatro con trabajo fijo y bien remunerado.
Y yo ahí, en el conjunto vacío. Sin remuneración, sin piso, sin compromiso. Feliz y deprimido a la vez. Feliz por ser como soy y no sentir el agobio de tener que discutir por el color de la pared, ni por tener que ir a IKEA o a HABITAT. Feliz por vivir mi vida universitaria, por recorrer los pasillos saludando a conocidos y por conocer, sin la presión de un jefe que me pida informes. Feliz, pero deprimido, por sentir con antelación el sufrimiento de otros, por ver como es la vida real que aún no tengo la ocasión de vivir.
Pisos, bodas, hipotecas, contratos fijos, renovaciones, sofas-camas, lofts, colores cremas, patio interior sin apenas luz, tantos por ciento, arrendamientos...Estrés.
Yo, por mi parte, les deseo felicidad y buenos alimentos. Y que la boda venga rápido, que siempre hace ilusión ir a la de los otros para pillar una buena cogorza y echar un poco la caña a las damas de honor.

*

Vuelvo a ser peatón. Es algo que estoy asimilando poco a poco. Cuesta, la verdad. Pero es algo que se debe asumir. Uno debe aprenderse de nuevo las conexiones y los trasbordos. Ha de calcular el tiempo según otros parámetros, como puedan ser el porcentaje de aglomeración de gente en las aceras, retrasos en los horarios del tren, habilidad del conductor del servicio público, distancia entre el lugar de origen y la boca del metro más cercana, etc.
Las cosas como son. Ya sé que no se acaba el mundo, y que la mayoría de mortales y terrenales son peatones, pero serlo es una putada. Te vuelves competitivo, gris, terco, uraño, oscuro. Caminas rápido, sin pararte a pensar en los detalles. Vas con prisa, no aguantas la puerta a la señora que va detrás de tí, te intentas colar, no cedes el sitio privilegiado dentro de un mar de personas embutidas en el vagón de un tren. Te sientas y esperas, sudado. No llega. Fumas un cigarro, das dos caladas, y justamente el vehículo hace acto de presencia. Escuchas acordeones y "es triste pedir, pero más triste es robar". Te llaman para quedar y no dispones de la movilidad suficiente para estar allí en cinco minutos. Y así muchas cosas más.
Y sí, lo llevo bien. Son cosas de la vida, me digo. Pero joder, cuando uno se acostumbra a una cosa, cuesta desengancharse, o cuesta habituarse a otra bien diferente. Todo es cuestión de tiempo y de volver a la práctica. Y bueno, al menos hago un poco de ejercicio, que nunca va mal.

*

Lo primero es poner cierto orden en mi vida. Pero nisiquiera sé empezar por lo más básico. ¿Alguien sabe cómo diablos -po no decir coño, cojones, diantres...- se justifica el texto en Blogia?
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2 comentarios

InDo... -

Ufff, cuanto tema en un mismo post!! Te ha venido la inspiración después del puente de autocompasión!;)
A ver, por partes:
1)Lo de los 26 años... sí, digámoslo claro, es el camino directo hacia los 30, pero no implica necesariamente que debas meterte en hipotecas, relaciones serias y movidas de "adultos". Sólo hay que fijarse en mí, ejem!
2)Estoy de acuerdo en todo. Depender de los transportes públicos es una mierda, y más si están en vaga como últimamente!!
3)El orden en tu vida no pasa por Blogia. Es que yo tampoco sé como se hace, jejeje!!
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El Principito -

Nelito, algún día le pillarás el gusto a ir a IKEA a pelearte por un mueble que en tu casa no se parece ni por asomo al que viste en el aparador. Mientras tanto, no cambies nunca! ;)
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