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DESDE MI PLANTA

Y ahora qué?

Y ahora qué? Pues eso, que se nos fue el Papa. Ya se veía venir. No sólo durante este fin de semana. Desde el miércoles incluso -su última aparición, agonizante, callado, exhausto, hecho añicos el pobre-.
¿Y ahora qué? Seamos sinceros. Cierto que a nadie le gusta que nadie muera, y menos una persona tan entrañable como el Papa. Pero qué decir del deseo, el intringulis de ser testigos de un momento histórico. Expentantes ante los acontecimientos. Deseosos -aunque suene feo-, a que la noticia llegue, para hacerse todos la misma pregunta: ¿y ahora qué?.
Venga, ¿quién no ha dicho la preguntita durante este fin de semana: "qué?, ya ha muerto el Papa? Es que uno es curioso. Inquietud periodística llámale. Y es que asistir o contemplar un hecho como la sucesión del Papa es algo que uno nunca ha experimentado. Y ya que la Historia no me apasiona, al menos motivarse por conocer bien aquella con la que uno convive.
Ahora estaremos pendientes de los cónclaves, la reuniones, los funerales, los días de luto y las fumatas blancas. Medios informativos no nos faltarán, y si no que le pregunten a la Caffarel (olé sus huevos, dí que sí). Así hasta que por el balcón asome el nuevo Santo Padre. El pescador de hombres, la cabeza de la santa, católica, apostólica y anti-condónica iglesia. Latinoamericano dicen, según mis fuentes maternales. Por aquello de que es la Iglesia emergente. Sólo pido, por Dios, que no sea Legionario de Cristo.
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Y eso, ¿ahora qué? Me toca hacer las prácticas en el diario As. Eso, sólo sé eso. Y que está por la calle Caspe, según me han dicho. Pero de lo demás, nada de nada. Ni qué haré, ni qué horario, ni cuándo empiezo, ni ná de ná. ¿Periodista? Sí, pero desinformado.
Ilusión me hace, eso sí. Por varios motivos. Uno, porque creo que será de las pocas veces que, por lo que pinta el panorama, pisaré una redacción de un medio informativo. Dos, porque será el reto jamás pensado. Infantil, cierto, pero no os ha de extrañar. El retísimo: cambiaré la linea editorial del diario desde abajo. Me alzaré con el poder. Lo detentaré, empezando desde abajo. Lograré que la madritis aguda que sufre viaje hacia un estado mejor. Hacia el divino estado del barcelonismo, hacia la paz interior, hacia el karma futbolístico a la hora de celebrar el gol del empate de Gio Van No Sé Qué en el minuto 95, jugando en casa.
Mientras, supongo, tendré que idear el plan al mismo tiempo que hago fotocopias.
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Estos días en el Teatrísimo han sido moviditos. En el sentido de que parece ser que estamos rompiendo el hielo entre nosotros mismos, y estamos empezando a rajar bastante al unísono. Parece ser que hemos encontrado una especie de terapia para ayudar a superar nuestra fustración y nuestro estado de "estamos quemadísimos".
Ayuda el hecho de que nos recorten la libertad de la disponibilidad, de que las broncas histéricas hayan ido en aumento y de que una parte de estas últimas hayan caído en nuestro jefe de accesos -nuevo, subcontratado también y muy buena persona-. Ayuda ver que a los que están un pequeño peldaño más arriba también le caen puros tiquismiquis que no tienen sentido. Sí, porque le ves. Porque notas ese estado. Percibes esos signos. Te fijas en esos suspiros, en esas miradas hacia arriba, directas al vacío y al ¿Dios, dónde me he metido? Porque ves que resopla, que respira hondo. Sabes que él está cómo tú. Lo que pasa es que uno ya ha experimentado ese estado antes y lo percibe con más facilidad.
La última, preguntar la edad a toda persona que creamos sospechosas de tener más de 26 años y poseer una abono juvenil. Yo no estoy dispuesto a arriesgarme a ello. No oso preguntar a una chica su edad. En el curro al menos. Sobretodo si no la conozco. Ya me montaron un lío por hacer un comentario inoportuno, para que ahora me lie a indagar cúantas primaveras tienen las clientes. Ya tenga 20, 30, 40 ó 50 y entre con el abono azul de -26.
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